La primera en salir a la pasarela fue Clara Rosa, de la ciudad de Tucumán. Se trata de una marca íntegra de diseño que conjuga arte y moda a través de sus estampados. Su nueva colección se titula “Monte” donde busca rescatar, revalorizar y reposicionar desde una mirada contemporánea a la “randa” como tejido. La randa es una actividad textil artesanal que en la actualidad se produce casi exclusivamente en El Cercado, un pequeño pueblo de la localidad de Monteros, 53 km al sudoeste de la capital provincial (Tucumán).
No se trata de prendas que posean gran complejidad en su moldería, sino de confección clásica. Así, la secuencia es: primero se seleciona la imagen con la que trabajaremos, luego se digitalizan y componen los rapports para la colección, una vez definido, se estampa el textil y queda listo para que entren al taller de confección.
Lo que vimos en pasarela: el estampado como generador de tramas donde la paleta se reduce al blanco y negro y géneros como la red completan el paisaje visual de sus prendas. Con una moldería básica se hizo hincapié en las estampas de diferentes tipos de hojas, estrellas y formas geométricas.
Monos, vestidos, polleras plato y tubo fueron de la partida en esta pasada. La prenda que más captó mi atención fue una blusa de red con un estilo de jabbot por encima (todo de la misma prenda) que dejaba ver bastante piel, pero era interesante la forma en la que estaba desarrollada y como se aplicaba una sobre la otra.
La segunda en salir a escena fue la dupla Transeúte + Adorada (Córdoba – Mar Del Plata): “DOCTA”, repleta de literalidad, de connotaciones y abstracciones que responden a una ciudad que fue cuna de la primera universidad del país. Una metrópolis de la cual rescatamos su urbanismo, su centro y sus periferias, su traza y la riqueza de su mancha urbana. Los layers de Córdoba, tanto de su historia como de su geografía urbana, fueron su fuente de inspiración para la colección. Propone hibridez, juego de superposiciones y estructuras. Las tipologías unisex van desde faldas – pantalón, hasta monos y detalles de sastrería en blazers, oversizes y bodys. Colores fríos como el pistacho, el celeste y el azul se combinan con el blanco; el de los guardapolvos que poblaban la ciudad en los inicios de la universidad. Los textiles aportan cuerpo, cuero; transparencia, Martini; frescura, fibranas y estructura, acrocel.
Lo que vimos en la pasarela: Según mi percepción se vió una colección con muchas prendas que remitían a lo industrial, no hablo de producción en serie, sino de uniformes que tienen que ver con la industria dura pero en colores radiantes como el blanco y con formas más lánguidas y livianas que lo que usualmente entendemos como un uniforme de fábrica. Se vió sumamente coherente y los toques de color maíz y los géneros que se utilizaron hablaron de una cohesión de elementos que visualmente funcionaban perfecto con las creaciones de Adoradas. El cuero blanco y el cuero hielo (un color bastante más vibrante que el blanco, pero igualmente veraniego porque aporta frío a la visión, y eso en verano da una sensación de frescura visual); trabajan y conjugan algunas fromas rígidas con blandas y las costuras forman un rol fundamental a la hora de dar textura a sus creaciones. Versiones muy personales de los cásicos, morrales, mochilas y carteras desde un punto de vista más hetéreo pero donde los apliques del mismo cuero y las costuras aportan volumen y personalidad.
La última pasada estuvo a cargo de García Bello ( con colaboración de Chicco Ruiz): si una persona quiere tener conexión íntima entre sus prendas y el medioambiente, esta es la marca ideal; desde Tierra del Fuego presenta un verano 2015 inspirado en la estepa patagónica, generando prendas despojadas como el territorio llano con poca vegetación. Se basa en relacionar lo orgánico con lo urbano generando tipologías con siluetas amplias, superposición, tejidos suaves y livianos, proponiendo al usuario una experiencia profunda con la naturaleza. Se trabajan rubros de sastrería, pret a porter y tejido, con textiles livianos que se superponen. Materia prima de nuestro país. También se utilizan recursos nobles como las ramas que se entretejen de forma experimental para generar accesorios que completan cada conjunto. De esta manera se busca invitar al usuario a meterse en el clima árido, conocer nuestro suelo y buscar otra forma de vestir.
Lo que vimos en pasarela: Sedas y linos trabajados de manera pura, se combinan en las prendas para crear efectos visuales y táctiles muy atractivos, donde elementos de la naturaleza se conjugan con estos géneros nobles. Algunas de las telas se usaron en sus colores naturales y aquellas que estaban teñidas también remitían a técnicas puras de antaño. Los colores que pudimos apreciar fueron negro, mostaza, bordo, azul denim y gris, sin perder de vista los claros como tiza (el lino en su esencia).
Lo oriental está presente en las pasadas tanto en el maquillaje como en los tocados y apliques de ramas sobre los cuerpos, algunos de ellos son extensiones de las prendas como los cuellos y otros operan como cohesionadores de la misma, botones, cierres, etc.



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